Invocando los espíritus felinos.
En febrero de 2026, tuve el gran privilegio de volver a acompañar a nuestro querido amigo Raphael en un viaje de observación de fauna silvestre en Colombia. Era ya su segunda vez con nosotros en el país, y quería explorar nuevas regiones, así como regresar a otras que todavía podían sorprenderlo en su aventura como naturalista y amante de los viajes de naturaleza.
Esta vez tenía un objetivo claro: observar al jaguar (Panthera onca), especie emblemática por ser el felino más grande del continente americano y poseer la mordida más poderosa entre los grandes felinos del mundo. Pero más allá de su fuerza y belleza, el jaguar representa un símbolo espiritual y ecológico profundamente ligado a los territorios indígenas y a la conservación de los ecosistemas. Para quienes soñamos con el ecoturismo en Colombia, encontrarse con este animal es una experiencia casi mística.
En su primer viaje con Colombie Célestine, Raphael descubrió los Llanos Orientales, tanto la altillanura como los ecosistemas de serranía. Durante aquella travesía pudo observar una gran variedad de fauna silvestre: oso hormiguero gigante (Myrmecophaga tridactyla), zorros cangrejeros (Cerdocyon thous), martejas (Aotus spp.), monos maiceros (Sapajus apella) y una enorme cantidad de aves. Los Llanos son hoy uno de los destinos más fascinantes para el turismo de naturaleza en Colombia y para la observación de aves y mamíferos silvestres.
En esta región también nos acompañó a una finca ganadera tradicional, donde descubrió la cultura llanera: los caballos, los vaqueros, el ganado y las inmensas sabanas que caracterizan esta parte del país. Este tipo de encuentros permiten vivir un viaje auténtico y responsable en Colombia, conectando al visitante con las comunidades locales y sus tradiciones.
Parque Nacional Natural Chingaza
En aquella primera aventura también visitamos el Parque Nacional Natural Chingaza, en búsqueda del oso de anteojos y para descubrir el ecosistema de páramo, uno de los más importantes del planeta por sus servicios ecosistémicos y su biodiversidad única. Esta experiencia forma parte de lo que entendemos como turismo sostenible en Colombia, donde el descubrimiento de la naturaleza va acompañado de conciencia ambiental y respeto por los territorios.
Aunque aquella vez no logramos observar al oso, Raphael tuvo más suerte durante su segunda visita y pudo verlo en tres oportunidades. Sin embargo, nuestra primera expedición ya nos había regalado encuentros memorables con venados cola blanca (Odocoileus virginianus) y aves propias de este ecosistema extraordinario.
Reserva Natural Chicaque
También visitamos la reserva natural Reserva Natural Chicaque, donde conoció el bosque altoandino y observó numerosas especies de aves. Recuerdo especialmente al tucancito esmeralda (Aulacorhynchus albivitta) y el momento en que vi por primera vez al solitario andino (Myadestes ralloides).
Pero vayamos al viaje más reciente.
Invocando el espíritu de los felinos, nos embarcamos rumbo a la Reserva Natural Hato La Aurora, específicamente al ecolodge Juan Solito, ubicado en el departamento del Casanare. Este destino se ha convertido en uno de los lugares más emblemáticos para el safari en Colombia, el avistamiento de fauna silvestre y el ecoturismo responsable.
Partimos desde Yopalen un vehículo 4×4 durante la mañana, llegando a tiempo para almorzar y comenzar inmediatamente nuestras actividades. Esa primera navegación llenó nuestros ojos de babillas (Caiman crocodilus), chigüiros (Hydrochoerus hydrochaeris), gansos del Orinoco (Oressochen jubatus), pavas hediondas (Opisthocomus hoazin), colibríes y rapaces como el cangrejero grande (Buteogallus urubitinga). Esa misma noche exploramos la sabana inundable —aunque era temporada seca— y, aunque las observaciones fueron más discretas, pudimos escuchar currucutúes (Megascops choliba), observar guardacaminos (Chordeiles spp.) y contemplar una espectacular estrella fugaz.
Los días siguientes estuvieron dedicados al safari llanero. Desde el amanecer hasta el anochecer recorríamos sabanas, lagunas y bosques de galería en búsqueda de animales. Este tipo de experiencias son ideales para quienes buscan un viaje de aventura y naturaleza en Colombia, lejos del turismo masivo y profundamente conectado con la biodiversidad.
Yo estaba especialmente emocionado porque conocería al cocodrilo del Orinoco (Crocodylus intermedius), especie catalogada en estado de Peligro Crítico (CR) según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Raphael, aunque maravillado por toda la fauna observada, seguía invocando silenciosamente el espíritu del jaguar.
Durante aquellos días observamos chigüiros, tortugas charapas (Podocnemis expansa), tortugas morrocoy (Chelonoidis carbonaria), cocodrilos del Orinoco, babillas, iguanas (Iguana iguana), anacondas (Eunectes murinus), boas (Boa spp.), monos aulladores (Alouatta seniculus), zorros cangrejeros, tamandúas (Tamandua tetradactyla)—dos veces, una de ellas increíblemente cerca—, un oso hormiguero gigante con su cría y numerosos venados.
Pero el espíritu felino seguía sin manifestarse.
Una noche, agotados después de recorrer miles de hectáreas, atravesábamos un oscuro corredor biológico entre la sabana y una laguna cuando vimos un pequeño cuerpo con enormes ojos brillando en la oscuridad. Al iluminarlo con nuestras linternas descubrimos que se trataba de un tigrillo (Leopardus tigrinus). Hermoso, elegante y perfectamente manchado, camuflado en la noche llanera.
Así tuvimos nuestro primer encuentro con el espíritu felino.
Esa misma noche también vimos un joven zorro cangrejero y una gran familia de pecaríes de collar (Pecari tajacu) escondida entre la vegetación. Son momentos así los que hacen que los viajes de observación de fauna en Colombia sean tan especiales: la sensación de que la naturaleza siempre tiene una sorpresa reservada para quien sabe esperar.
El tiempo comenzaba a agotarse y seguíamos recorriendo la sabana con la ilusión de observar al jaguar. Encontramos sus huellas —las de una madre junto a su cachorro— y escuchábamos historias de otros viajeros que habían logrado verlo. Incluso un dron sobrevolaba algunos corredores biológicos para aumentar nuestras probabilidades.
Pero fue inútil.
No logramos observar al tan anhelado jaguar.
Aunque yo ya había tenido la fortuna de ver uno en libertad años atrás, en la región del Magdalena Medio, sentía cierta desilusión al pensar que ese espíritu no quería manifestarse nuevamente. Raphael sentía exactamente lo mismo. Sin embargo, ambos sabíamos que regresaríamos algún día, porque la naturaleza no se conquista: se respeta y se espera. Esa es precisamente la esencia del viaje responsable en Colombia y del verdadero ecoturismo.
Sin embargo, durante el atardecer de nuestra última jornada, cuando nuestras esperanzas parecían extinguirse, vimos a lo lejos la silueta de un gran felino. No llevaba el pelaje manchado del jaguar con formas de mariposa, sino uno uniforme, elegante y perfecto: era el león americano, el maravilloso y aún más difícil de observar, el señor Puma (Puma concolor).
Fue un instante inolvidable.
Mientras los demás trataban de contener sus gritos de emoción observándolo a través de sus binoculares, yo intentaba desesperadamente grabarlo con mi celular y mi telescopio —sin soporte, porque se había roto— y con las manos temblando por la emoción.
Apenas pude capturar unos segundos, pero fueron suficientes para conservar la magia de aquel encuentro con el espíritu felino.
Y así, los Llanos nos dijeron adiós: regalándonos uno de los encuentros más hermosos de mi vida con una especie tan majestuosa como el puma.
Para Raphael, esta no será la última vez en Colombia. Estoy seguro de que volveremos a compartir futuras expediciones. Y también estoy convencido de que, mientras nosotros intentábamos encontrar al jaguar sin lograr verlo, él sí nos observó varias veces desde la distancia, silencioso e invisible entre la sabana.
Estoy seguro de que la vida nos llevará nuevamente allí, al reencuentro con el espíritu felino.
¿Quieres vivir esta experiencia única de observación de fauna silvestre en Colombia?
Contáctanos y únete a nuestra próxima expedición “En busca de la fauna”: un viaje de ecoturismo y naturaleza por algunos de los ecosistemas más salvajes y fascinantes del país.